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12 Mar

2º Parte de Una Expedición Científca a Marruecos - Abril/Mayo - 1913

Publicado por larachelamemoriafragmentada

.....Y DESPUES DE PERNOCTAR BREVISIMAMENTE EN LARACHE, CONTINUAN LA EXPEDICION CAMINO DE ALCAZARQUIVIR....

 

La cuenca del río Luccus

  5 de mayo de 1913

No nos detenemos en Larache (El Araish), sino para dormir. Hoy a las seis de la mañana, pasan nuestros arrieros, las caballerías y el bagaje que ya es muy grande, formando un promontorio en la barcaza, entre los nativos y las caballerías.

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Reunidos todos, en la marina, de la orilla izquierda del río, partimos para Alcazarquivir (El Ksar-el-Kebir), contentos ya de hallarnos en el valle del Luccus y decididos a explorar, en cuanto nos sea posible, toda la cuenca que queda dentro de nuestra zona.FONDAK ALEMAN

Salimos de Larache por el Fondak Alemán, cruzando la inmensa duna arenosa en que Larache se halla enclavado, entre cercas de pitas y chumberas, y descendemos después, como a la media hora de marcha, abandonando la duna que queda al N.W., a las espléndidas llanuras aluviales del Luccus, dilatadas hasta el horizonte, entre cuyo azul caliginoso destaca Yebel Siras, emplazado ya en zona  francesa.

 

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El río Luccus, en su trabajo secular de talla y edificación, ha extendido estos sedimentos aluviales y constituido las terrazas de estas llanuras amplias, en las que, alcanzado su perfil de equilibrio, se desliza divagando, en anchos y perezosos meandros, con aquella lentitud que conviene a su senectud. Ahora, bajo el sol de mayo, la planicie africana está vestida de espesa pradera, impregnada en luz; se diría que no es la luz quien baja hasta las plantas, sino que son ellas quienes la desprenden. Bandadas de garzas blancas cruzan la pradera y por los caminos polvorientos, en el suelo de pantanos y barrizales que se secan con el buen tiempo, filas de sosegados camellos,  meciéndose con paso tardo.

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Andamos sobre la zona de inundación del Luccus; en la época de las lluvias, el Luccus se desborda e invade la llanura, en una extensión de 4 kilómetros, de una y otra margen. Los viajeros se ven forzados, durante el invierno, a buscar un camino más alto, en la cota de los 60 metros, más al W., atravesando el bosque de Larache (Gaba el Araish). Nosotros marchamos por el camino más bajo, comprendido entre el río y el bosque mencionado, que queda a nuestra derecha.

En el Adir, encontramos yeguadas y toradas salvajes que habiendo pertenecido al Sultán Muley Hassan, quedaron abandonados y se han hecho cimarrones. El Estado español abriga el propósito de utilizarles como base de depósito de sementales y remonta.

El camino se va haciendo más frecuentado; largas caravanas de camellos, caballos y nativos que viene de Alcazarquivir, de Uazán, de Fez u aun de puntos más lejanos del Imperio, se cruzan con nosotros  Hasta que de improviso, llegamos  ante un cauasi, oculta su tienda entre tarays, al lado de un pantano, frecuentes en estas llanuras que azota el paludismo. El lugar está lleno de caminantes que reposan, bajo la sombra de los tarays, a la hora del mediodía. El cauasi pertenece a la secta de los hamadchas; la cicatriz, honda, de un hachazo, cruza su frente y se pierde en el pelo. Bajamos del caballo y nos confundimos con el grupo de los nativos, deteniéndonos en la hora más ardiente y seca del día para almorzar y después, parece de rigor tomar el vaso de té con nanna.

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Cuando reanudamos la caminata, se ofrece ante nosotros la llanura inmensa, plana, sin árbol ni la  merced de una sombra……. A lo lejos una línea blanca, tendida en la llanura, en una faja de verdor, entre árboles, es Alcazarquivir.

Horas después, solos en la llanura vadeamos el Luccus, en el vado de Mexera el Zaara; el agua nos moja las piernas y la carga, a nosotros los jinetes, y a los nativos, que lo vadean a pie con las babuchas en alto, les llega hasta los sobacos.

Hace mucho tiempo que, ya en la orilla del río, estamos viendo Alcazarquivir, pero siempre, creyendo alcanzarle, nos parece estar a la misma distancia.

La planicie es inacabable. Finalmente, al cabo de unos 30 kilómetros desde Larache, doblamos en la entrada de la ciudad moruna el hermoso santuario de Sidi Bu Galeb, santo mahometano nacido en Toledo, patrono de los enfermos en general y más especialmente delos leprosos.

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Henos ya en la Alcazarquivir, la bien deseada, en plena ruina de su pasado esplendor, con todo el encanto de las flores de un herbario.

Juan Dantin

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