Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
19 Mar

3º Y Ultima Parte de Una Expedición Científica a Marruecos - Abril/Mayo - 1913

Publicado por larachelamemoriafragmentada

……..Y por fin llegamos a Larache, la parte para mi, más emotiva y emocionante de la Expedición. La estancia tan ricamente relatada por este señor, me he querido hacer imaginar que junto a él, le acompaña mi abuelo Isidro, y dejo creerme que me lo está contando………… Una de las partes mas ricas en material fotográfico es precisamente la que toca nuestro querido pueblo, el relato queda apoyado gráficamente con estas y otras fotos de mi aportación. Querida paisana, querido paisano, queridos amigos que amáis Larache, si os emociona, tanto como a mi, ver el nacimiento urbanístico durante del pasado siglo de nuestro entrañable y añorado pueblo, me sentiré mas que satisfecho en esta labor, los lugares descritos ¡tan familiares y entrañables!, serán fácilmente reconocibles, el resto os lo dejo para que lo disfrutéis………………….
                   ENTRADA-A-LARACHE.jpg
Hoy 21 de mayo de 1913, por la tarde, abandonamos la Huámara, no sin sentimiento. El Teniente, cortés y cariñoso, nos acompaña unos kilómetros, ahora en dirección al Norte, a lo largo de la duna uniforme, camino de Larache. Estamos siguiendo el trazado, del futuro ferrocarril de Larache a Alcazarquivir, en el arenal sin fin, dentro de esta duna que continúa hasta Arcila, si bien con disminución de su anchura más allá de la orilla derecha del Luccus. Atravesamos el Uad Sahhsuhh (o Sajsuj) antes de entrar en la Gaba bu Xarem (la parte más oriental del bosque de Larache), ya en contacto con la zona de inundación del Luccus. El bosque es uno de los alcornocales que ayer divisábamos en torno a la Huámara: su punto central, en este recorrido, es tal vez Ain ex-Xuc (Fuente de los Pinchos), en donde hacemos un pequeño alto. Por estos contornos la anchura de la duna que llegaba en la Huámara a unos 30 kilómetros, se reduce aquí considerablemente: los aluviones del Luccus que lo cubren en su lado más oriental, la dejan reducida a unos 6 ó 7 kilómetros.

Poco más tarde, tomamos decididamente la dirección N.W., camino a Larache, siguiendo el camino alto, no lejos de donde comienzan las obras del ferrocarril mencionado. Una caravana de camellos se nos incorpora, y entre los nativos que va y vienen, ya en número más frecuente, siempre sin abandono del arenal entramos en Larache. La escolta se despide de nosotros y se dirige al cuartel; nosotros nos refugiamos en un barracón de madera, pintada de verde, con techos de zinc (especie de plomos de Venecia, ¡oh, manes de Silvio Pellico!, que lleva el título pomposo de Hotel Madrid. Dentro de su modestia, es la mejor construcción del improvisado Larache español, formado por barracas de tablas y latas viejas, con habitantes que traen a nuestro recuerdo el barrio del Albaicín, en Granada, o el de las Injurias en Madrid.
                                                                                                    001.jpg
22 – 24 de mayo 1913
Nos quedan algunos días para dedicarlos por entero a esta región de Larache.
En un principio habíamos decidido estar en Arcila el día 21 de este mes, marchar a Zinatz (la residencia del Raisuli) más tarde, por atravesar una región no explorada aun científicamente y por el Fondak de Ain Yedida, después de haber acampado en los alrededores de Zinatz unos cuantos días, marchar a Tetuán y Ceuta con destino a España. Los temores de la guerra que se ve venir y se espera para un plazo no más de días, nos obligan, de acuerdo con el entonces coronel Silvestre, a cambiar por entero de plan y reducirnos a permanecer en Larache y explorar después la kábila de Es Sahel, en dos etapas sucesivas entre el Zoco de T´Zelata y el Zoco de T´Zenin.
               002          16080 237054426424501 1322172575 n
Larache está enclavado en la orilla izquierda del Luccus, en las antiguas dunas consolidadas. Sus calles y sus casas miran al río, sobre el que parecen caer en cascada y se vuelven de costado al mar. El Atlántico libre bate la costa, desmorona las arenas pliocenas de la duna fuertemente consolidada y llena de bloques desiguales y caóticos la plataforma litoral con los restos y trozos del acantilado que destruye el paisaje. La superficie superior de estas dunas, sometida a los agentes atmosféricos en una parte o en otra constituida por dunas más recientes, presenta, ya por los vientos, ya por la simple acción de las aguas de lluvia, curiosas formas en su corte, efectos de esta activa erosión. De otra parte, las aguas de lluvia, filtradas a través de las arenas superiores, más sueltas e inconsistentes, se detienen al contacto de las arenas inferiores más firmes (por pertenecer a dunas más antiguas), y brotan en el plano de conflicto de ambas: de estos manantiales, que tienen este origen y afloran en el acantilado de la playa, se surte de aguas Larache, por lo menos hasta la fecha de nuestra llegada.
    002-EXPEDICION-1913.jpg          004-EXPEDICION-1913.jpg
En toda esta costa atlántica, y señaladamente en las porciones más inmediatas a ambas márgenes del río Luccus, se repite con frecuencia el paisaje de dunas anteriores, enteramente muertas, fijas y consolidadas, con dunas actuales, en pleno ejercicio de su actividad, generalmente, estas últimas, recubriendo las primeras.
El río Luccus, ya alcanzado su perfil de equilibrio, describe aquí sus últimos meandros, que adolece de cierta vacilación y vaguedad en los límites de su cauce; con sus propios aluviones edifica extensos fangales, marismas, y en el conflicto del río que desemboca, y del mar que lo invade con sus mareas, fangos y aguas son salinos y amparan el crecimiento de una vegetación francamente halófila, en los planos fangales (Chemmich, Klej) que el río desplaza o invade con nuevos aluviones en los desbordamiento que se suceden.
                                       006-EXPEDICION-1913.jpg
La propia desembocadura del Luccus, amplia y profunda, forma el puerto de Larache, de porvenir seguro, no obstante sus dos enemigos: la barra, y el ferrocarril futuro de Tánger a Fez,  que se llevará, de tránsito en nuestra zona, ton sólo, todo el comercio europeo-marroquí.
La temperatura en Larache, entre el mes de mayo, que está en sus fines, el suelo arenoso y los techos de zinc de nuestra barraca es intolerable: las bujías se funden, y derretidas, se adaptan a las formas de la palmatoria. Después del mediodía, sin brisa, bajo a la playa, y mientras mis compañeros se defienden a la sombre de las rocas amontonadas en la costa derruida, yo desafío el calor y  el sol que me abrasan, y en lo alto de una roca plana que quema los pies, pongo mis papeles de estraza, para que el sol los seque. Un nativo, de un negro azulado, susi, me acompaña con frecuencia, pero sin reparar en mí; de rodillas, con un rosario en una mano, vuelto a oriente, y haciendo extraños círculos en el aire con el índice de la mano que le queda libre, se entrega a sus rezos, mientras yo le contemplo con el respeto que se debe al creyente. Pasan las horas y ni él ni yo nos hemos movido; terminadas sus oraciones se tumba al sol tórrido y se duerme, mientras el sol, en la tarde caliginosa, saca destellos de sus carnes broncíneas.
                                        003-EXPEDICION 1913             
Es curiosa esta playa, llenas de peñas que se desmoronan, donde se bañan, con la impudicia de la inocencia y no de la malicia, musulmanes y cristianos, porque la frescura del agua nos hace a todos más soportables el calor del día.El calor no nos impide salir al campo por mañana y tarde a los que en él tenemos nuestro trabajo. Navarro y yo, con las suficientes provisiones y material, pasamos el día entero fuera de la ciudad.
 
Hoy 23 de mayo de 1913, hacemos una excursión por la orilla derecha del Luccus y la cantera de donde extraen la piedra las obras del puerto, al pie de las ruinas de Lixus, la fenicia.
                                   008-EXPEDICION-1913.jpg
En un principio, en una de las lanchas del puerto, de la marina de guerra, hemos remontado el Luccus a remo, trabajosamente, porque en bajamar las aguas del río parecen precipitarse hacia su salida. No es menos difícil hallar un lugar de desembarco; algunos marineros se lanzan a tierra y se hunden hasta los muslos en el húmedo fangal negruzco. Seguimos nuestro viaje, sin encontrar aún lugar abordable; el oficial ordena entonces formar un puente con los remos clavados en la orilla y más lejos tablones hasta la orilla seca y consistente. Pasamos sobre los remos, y ayudados por los marineros, hundidos en el barro movedizo, ponemos los pies sobre los tablones que resbalan en el fango con trayectorias inesperadas, hasta llegar a sitios firmes.
Poco más tarde, nos separamos Navarro y yo, cada uno con un trayecto diferente. Recorro Cudia Dahari, la eminencia más alta de estos contornos (unos 100 metros sobre el nivel del mar), que me ha de ofrecer por estas razones algún interés en su flora, e igualmente las colinas y lomas que se extienden hacia el N. (Cudia ez Zunáa) con los minúsculos arroyos que las desaguan. El calor se hace cada vez más insoportable entre los angustiosos trigos y cebadas de suelo reseco y agrietado.
A punto de dar por terminada la excursión, y cuando estoy pensando en el regreso, tres nativos que surgen de la ladera de un arroyo me rodean, y ya humillados, ya con cara agresiva, me piden flus (dinero) por acompañarme hasta Laraish (Larache). Por gestos les convenzo de que no tengo necesidad de ellos, pues que conozco el camino, pero insisten en ello, hasta que, observando que no cederé dos de ellos, cerca ya del poblado de Rkada, optan por retirarse, y el último me sigue a distancia, hasta que se oculta en unas chumberas y no vuelvo a verle.
En dirección a la costa, en línea recta hacia el W., salgo al cordón litoral de dunas vivas y muertas, y desde allí contemplo el aduar próximo, semioculto entre las marañas de pitas y chumberas que lo rodea y defiende, de tonos vivos al sol cálido de la tarde.    
              
                                   005-EXPEDICION 1913
Recorro penosamente la duna y llego a la playa frente al Luccus, deteniéndome antes en la barraca de un cauasi, lleno de miseria, que cuida con amor un cajón plantado de nanna con que aromatizar el té. Poco después, en la barcaza que empujan remeros nativos, bogamos hacia la otra orilla del río, ahora imponente con la marea que sube y lo eriza en crestas espumosas. Regreso muy satisfecho de mi recorrido.
 
25 – 28  de mayo de 1913
La población de Larache (El Araish, los Parrales, en indicación de lo frecuente que debió ser en tiempos pasados el cultivo de la vid), presenta su parte moruna, en la que son de notar el bazar (kaisería), dentro de la medina y la alcazaba, en su porción más alta.
                  009-EXPEDICION 1913            
El primero, recuerda en su arquitectura, extraña al estilo nacional, la dominación portuguesa. Bajo sus arcos, nativos y hebreos, tiene sus tenduchos, sucios y pringosos; otros sus tenderetes de golosinas, de pan o de juegos de cubiletes al aire libre, en medio de la calle. Aquí hemos visto un día caer un nativo moribundo, enfermo repentinamente; acudir otros corriendo, y tendiéndole sobre unas tablas, con hondo estremecimiento de sus carnes palpitantes, comido de moscas pertinaces, llevarlo ante la zauia más próxima, en súplica de que el santo lo salvase, lo que, contra lo esperado, no se realizó. Quedó allí el cadáver, como un despojo, bajo el solo tórrido, padre de la vida.
                                                                                                                    Sin título-6-BIS
 Pasos más allá el bello Zoco de la cebada, destinado exclusivamente a la venta de este cereal, en el patio lleno de luz, de paños blancos, de sacos en pilas, del grano que cae en cascada sobre montones cónicos. A su puerta, bajo el arco de graciosa curva, los pordioseros musulmanes y judíos, mendigando con tonos de canturria por Abd-el-Kader o Muley Idris,  con rostro inexpresivo de ciego. Muley Idris, quizá el santo más venerado en todo Marruecos, patrono de Fez y sexto descendiente del Profeta, fue fundador de la dinastía nacional de los Idrisidas, que libertó al Imperio de la dominación abasida. Reposa en la zauia de Yebel Serjun, junto a Fez.
                                 0017  010-EXPEDICION-1913.jpg    428919_4639152668748_958177809_n.jpg
Al Abrigo de unas murallas, a punto de salir del recinto moruno, no lejos del Zoco del carbón, (de otra parte inmediato al de los granos), se nos ofrece ocasión de sorprender una consulta médica, en pleno aire libre. El médico (telib) está sentado a la sombra del muro y espera sus enfermos: no tiene más material ni más ciencia que el Corán, allí a su lado y…….., quizás sea demasiado. Dos nativas han acudido a él: una de ellas le cuenta sus dolores, le expone sus síntomas; el telib, atento, los interpreta y hace el diagnóstico, con toda la ridícula gravedad de muchos médicos europeos, toma la pluma y copia el versículo del Corán más adecuando al caso. La doliente paga sus servicios y se retira con la sagrada receta; todo pareció indicar que los honorarios fueron más modestos que en la orilla opuesta del mediterráneo.
                                                       011-EXPEDICION-1913.jpg
Fuera de las murallas. El extenso Zoco de Fuera, muy animado el día de mercado (Zoco el Arbáa, o mercado del cuarto día, esto es, del miércoles). A la tarde, desparecidos los puestos, alejada la nube de compradores y vendedores, aparecen los narradores de cuentos, que no son sino los precursores de un teatro que está en sus comienzos. El relator pone en su gesto, en sus palabras todo su gusto, su modo de sentir y expresar la leyenda o la historia que desenvuelve ante su público absorto que llora, ríe, se alegra o se indigna con él mismo.
                                                         012-EXPEDICION-1913.jpg
En este Zoco se halla el Larache español, en sus principios nada más formado por un conjunto de barracas y casuchas de madera con techos de zinc, cafetuchos y figones de ínfima categoría. Entre las tablas desvencijadas, algunos cartelones invitando con el alquiler de un inmueble o de una cama con colchón. La población española recién llegada, se aloja como puede en aquel pueblo heterogéneo e improvisado, de antemano sometido o resignado a dejarse desvalijar y meterse en hoteles que no son sino antiguos fondaks adecentados en cuyo patio central, aposento anterior de toda especie de caballerías, se halla ahora la mesa redonda.
Hago una pequeña expedición a la laguna de El Gedira, pequeña cuenca cerrada que se encharca con las lluvias, colocada al S. de Larache, ya la distancia de unos 5 kilómetros separa del mar por las elevaciones de Cundia Hamra (40 metros), verdadera cresta de N a S, que aquí forma la antigua duna. La laguna es alargada, tiene 2 kilómetros de longitud y menos de medio de anchura. Su fondo es arcilloso y explica que las aguas puedan quedar retenidas en la región de las arenas de la duna del país litoral.
 
                                      000-EXPEDICION 1913
 
Hemos asistido en la acera calzada del Zoco de dentro, una de estas noches a una tipica fiestas prenupciales como por aquí se verifica pero que no se puede comparar con ninguna en su fuerza original. Su recuerdo me aparece viendome asistir a su holgorio y luminosidad extraordinarios La comitiva de innumerables nativos, en su mayor parte jóvenes y niños, algunos de ellos de muy poca edad, llenó el Zoco llevando cada uno una vela blanca encendida, formando corros en torno a otros portadores de bandejas metálicas llenas de velas adheridas  en su fondo, azules y rojas, encendidas también. En tanto cantando a voz en cuello hasta ensordecer, se entregan a extraños movimientos; el portador de la bandeja la baja hasta el suelo o la levanta hasta la altura de la cabeza, poraque los demás que le rodean le sigan en sus movimientos o le contraríen, en una especie de juego como el de nuestro estira y afloja, que dan al espectáculo animada vistosidad, en medio de un bullicio indescriptible Estas repetidas flexiones están lejos de cansarles, antes les aumentan la animación y el contento; tambores, gaiteros y chirimías manejando con inusitada energía sus instrumentos, haciendo girar rápidamente el tambor porque presente el palillo que redobla sus dos caras. La multitud, extraña a la ceremonia que contempla, ríe con ellos y se ve arrastrada en su vértigo, en la embriaguez de la fiesta en una sugestión colectiva. La algarabía es enorme todo el mundo se empuja, se acerca, se ve separado por los demás y quien viera a los oficiantes en medio de la noche, con los extraños reflejos que las luces dan a los rostros, entregados a sus risotadas, voces y contorsiones, los tendría por poseídos.
                             ZC-034.jpg
Algunas nativas se suman al cortejo; otras, desde las azoteas y estrechas ventanitas de sus casas, recortándose sus albos trajes en el oscuro del cielo, se asocian con sus gritos penetrantes al esplendor de la fiesta. Un corro presenta un nuevo aliciente; en medio de él un turco, de fino bigote, de tez bronceada. Vestido todo él de rojo sedeño, baila y da estremecimientos a su cuerpo, con el temblor de una gota de mercurio. Es de verle bailar en la noche, a la luz de las bujías multicolores, seria y grave su fisonomía repugnante, culebreando su cuerpecillo, mísero y vicioso, en giros indecentes.
La escena presenta para nosotros fuertes atractivos: cuando la multitud, en el paroxismo de su entusiasmo, ha recorrido el zoco y se dispone a la carrera a franquear la Puerta de la Alcazaba en dirección a la casa de la prometida, nos metemos espontáneamente en el torbellino y bajo los arcos, prodigio de gracia, de la puerta en cuestión, nos vemos prensados.
                                      DSC00927.jpg
         
Del amplio Zoco hemos dado en las calles estrecha, de altos muros sin ventanas, de este barrio típico que recorremos sin que cesen un punto la gaita y los tamboriles, estos últimos en giros vertiginosos por encima del que los tañe, hasta dar en casa de la novia. En tal momento, en medio del bullicio, un nativo se nos acerca lleno de júbilo y nos dice a nosotros europeos: “Es mi hermana la que se casa”, con el tono fraternal de un antiguo camarada.
221842599_a0dd30a043.jpg 
Pero de súbito todo cesa: la comitiva, portadora de la henna, penetra en casa de la novia; los amigos del prometido se marchan con él en celebración de su adiós a la soltería (como la cantarada castellana), y nosotros, europeos únicos del antes bullicioso concurso, quedamos, todavía bajo el influjo de la ilusión en la calleja solitaria y temerosa. Y cuando regresamos pensativos, un nativo llama en una puerta, se abre en la casa un ventanillo y una voz de mujer, discreta, pregunta: ¿Muley Edris? --¿Lala Aisa?--, pregunta a su vez el esperado. Por los muros blancos, en la noche, pasa un vientecillo sutil: se diría el soplo eterno de don Juan, más poderoso que la muerte.
 
 Juan Dantin Don-Juan-Dantin.jpg
Comentar este post