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05 May

NOTAS INEDITAS PARA LA HISTORIA DE LA DANZA ESPAÑOLA

Publicado por larachelamemoriafragmentada

NOTAS INEDITAS PARA LA HISTORIA DE LA DANZA ESPAÑOLA

El primer auténtico recital de baile español que dio Antonia Mercé “La Argentina”, en Larache, en 1920

 

Larache 1920

 

En aquel año de gracia, Larache era una ciudad de planas mayores, de guarniciones militares, que operaban en las tierras marroquíes de los alrededores. Todos los cuerpos que ocupaban posiciones en la zona occidental de nuestro Protectorado en Marruecos, tenían sus altos cuadros en Larache, amén de los soldaditos que estaban de descanso junto a las sedes de sus  mandos.

Larache tenía por aquel entonces solamente un Zoco (gran mercado), una calle Real que conducía al puerto por una angosta cuesta y un enorme terreno árido y desierto, a espaldas de las murallas de la medina, que llamaban la Plaza de España. En la  misma se levantaban tres barracas de madera, dos de regulares dimensiones que albergaban los dos cafés elegantes de la ciudad y una muy grande, en medio del vasto terreno, que era…el “Teatro España”.

Este coliseo, con palcos, plateas, butacas y general de primer piso, había sido levantado por un empresario, don Emilio Sánchez Pescador, casado con una doña Mercedes, una excelente tiple de zarzuela, valenciana, que tras actuar con su compañía en el local – compañía de la que eren primeras figuras Consuelo Menta y Narciso Ibáñez, los padres y abuelos de nuestros actuales Ibáñez Menta e Ibáñez Serrador --, se había casado con su propietario y convertido en co-directora.

En este teatro, con dos representaciones diarias a lleno completo, con, a su derecha, el palco personal del comandante general y, a la izquierda, el del cónsul-interventor local, se congregaban en las buenas localidades la “gente bien” y, en el “gallinero”, el modesto populo que se apretujaba para presenciar la actuación de las compañías teatrales de paso, don destino o procedentes de Tánger, Tetuán, Ceuta, Melilla e incluso  Málaga, Sevilla o Cádiz.

Cuando una de estas formaciones terminaba su actuación, entonces le sucedía una temporada de cinema con atracciones o fin de fiesta, en las que como filmes se presentaba un episodio de aquellos seriales de la época: “La moneda rota”, episodio 33, o “Los misterios de Nueva York”, episodio 27, seguido de una segunda parte de variedades indefectiblemente con una bailarina de 75 pesetas al día, que se llamaba Laura de Santelmo, “Minerva”, o Carmelita Sevilla –que hoy todavía dirige una de las mejores academias de baile de Madrid, en la calle de San Andrés – y unas canzonetistas de 300 pesetas, - renombrada como Carmen Flores, Lolita Méndez, Salud Ruiz, Man Focela, Emilio Benito, Mercedes Será, etc….

ANTONIA-MERCED-LA-ARGENTINA.jpg

En este cuadro, don Emilio Sánchez Pescador tuvo la genial idea de ofrecer a Antonia Mercé, “La Argentina”, el importe total de su presupuesto diario de variedades, para que tras la proyección del episodio fílmico de ritual, llenara ella sola la segunda parte del espectáculo, presentando por primera vez auténticos recitales, la suprema ilusión de la divina Antonia, empeñada en elevar el nivel de la danza española, confinada hasta aquel momento a tablados tabernarios o explotada por bailarinas de “academias” en los cafés de conciertos de Barcelona y Madrid por el “alterne” y las timbas de “siete y medio”, juego de azar a la sazón de moda.

Por aquellos días, yo, soldadito de España, aunque “rebajado de servicios” y afecto como redactor al periódico local “Diario Marroquí”, encargado por don Emilio Sánchez Pescador de tratar de crear un poco de ambiente a la nueva modalidad de espectáculo de su teatro, fui quien tuvo el honor de recibir en los muelles del Lukus, puerto en el río de Larache, a la eximia Antonia Mercé “La Argentina”, que llegaba procedente de Cádiz, acompañada del gran pianista Gálvez y de…un joven y enamorado suspirante: Federico García Sanchíz, el que después sería el más famoso de nuestros “charlistas”.

Antonia Mercé, “La Argentina”, era una mujer de una alta formación intelectual, que como intérprete de las danzas de España se había preparado a sí misma. Seguramente de niña había frecuentado cursos de danza clásica. Y como todas las bailarinas de su tiempo había actuado en programas de variedades y en los fines de fiesta como bailarina y canzonetista, que era la tónica de todas las programaciones en las grandes salas de explotación cinematográfica en aquella época. Pero Antonia Mercé, que en su afán y entusiasmo por elevar el arte de la danza española al mayor nivel y en su inquietud por sublimar un estilo y maneras que todas las bailarinas e intérpretes ejecutaban con arreglo a unos cánones estereotipados, que eran los que se enseñaban en las academias, en donde se formaban en serie las bailarinas españoles, en consecuencia todas iguales, con idénticos movimientos y pasos, se ingenió en recorrer toda la piel de toro hispánica, para captar y asimilar en todas las regiones, pueblos y burgos el espíritu de sus bailes y canciones.

Y cuando bien documentada y hasta saturada del artes sublime de nuestra variada riqueza folklórica sin pulir, en bruto, regresó a Madrid, en una buhardilla de la calle del Olmo, junto a la de Embajadores y, muy cerca dela taberna –que aún existe-, perteneciente al famoso gran matador de toros fuentes, instaló su estudio y se puso a montar y ensayar un programa de bailes y danzas puros, pero estilizados hasta su quintaesencia, con la idea bien concebida de presentarlos y ejecutarlos ella sola y solamente con la colaboración de un buen pianista-concertista-acompañante. Sus vastos conocimientos, su amplia cultura, su anhelo de pasear el arte español por el mundo rompiendo todas las fronteras, parecían en aquellos momentos una quimera. Pero ella se puso a trabajar con tesón, a estudiar, depurar y hasta crear pasos, destaques, desplantes, giros, vueltas y movimientos. Y empezó montando un bolero populara mallorquín con zapatillas y castañuelas, una vota de Larregla, un zapateado de Sarasate, unas alegrías, unas bulerías, unas soleares, “Córdoba” y ”Sevilla” de Albéniz, “La danza del fuego” de Manuel de Falla….

Antonia Mercé alisaba, depuraba, ennoblecía todas las bastas aristas de estos bailes antes sin pulir. Estilizaba y afinaba sin deformar, sin degenerar como después hicieron otras y otros –incluso grandes- bajo el pretexto de evolucionar y modernizar…..Y braceaba y sacaba una música de los palillos que nadie todavía ha conseguido igualar. Y que me perdone “Marienma”, que es la sola, la única que consiguió acercarse mucho a tan insuperable perfección.

 

Federico García Sanchiz

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