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19 Oct

San Antonio de Alarache, una obsesión heredada

Publicado por larachelamemoriafragmentada

 

¡MAS VALE ALARACHE QUE AFRICA ENTERA!

 

  Esta exclamación atribuida a Felipe II, hace resaltar vivamente el interés que el Austria tenía por la pequeña ciudadela de entonces. Nido de piratas berberiscos, junto con el enclave de Salé representaba los dos centros neurálgicos de la piratería del litoral atlántico del norte de Africa. Los portugueses en sus distintas incursiones jamás pudieron hacerla plaza definitiva, incursiones sin resultados exitosos llegaron incluso a abandonar la población dejando Larache veinte años sin habitar.

En 1583, espías disfrazados de marineros reconocen Alarache. "El caserío ocupaba perímetro de 170 pasos poor 280, protegiendo fortificación insignificante la boca del río que desembocaba en el mismo cabo", según relata el Conde de Santa Gadea. Contaba con muchos hornos de cal y de ladrillo, cerrando la bocana del puerto, que tenía 400 pasos, dos fuertes: Castil de Genoveses y Fornos. La entrada se podía cerrar con pipas y cestones, dejando el río y la mar por espaldas, proyectando el Conde de Puñoenrrostro, encargado de la conquista en 1607,trinchera de 1200 pasos de "mar a mar", que indica península. De encontrar resistencia la prolongaría, rodeando la fortaleza.

 

Pero remontémonos unos años atrás, ya que existió otro Alarache.

El 4 de Agosto de 1578, tiene lugar entre Larache y Alcazarkebir un enfrentamiento entre las tropas de Portugal al mando del rey D. Sebastián, frente a las tropas aliadas de los reinos de Fez y Marrakesh, dirigidas por sus respectivos reyes Muley Maluco y Muley Mohammad. Enfrentamiento feroz con un resultado de más de 5000 muertos entre los dos bandos, contienda sangrienta donde en el bando musulmán contaban con más de 7000 soldados, y cuya victoria sirvió para consolidar la dinastía saadí.

Esta batalla pasaría a ser conocida por "La Batalla de Los Tres Reyes".

Cabrera, cronista de la época, en relato épico y florido, nos cuenta como en la mencionada batalla fallece el rey D. Sebastián de Portugal, sobrino del rey Felipe II de España, no dejando sucesor alguno.

Temiendo un vacío de poder en su aventura africana, y no queriendo dejar persona alguna con derecho al trono, el rey de Portugal ordena ser acompañado por su sobrino el Duque de Barcelos, que con corta edad es obligado a presenciar la batalla desde un coche, siendo tomado prisionero por el ejército musulmán al final de la contienda.

Felipe II, dado por muerto al rey D. Sebastián, procede a anexionarse el reino de Portugal. Venegas, embajador en Marruecos, junto a su intérprete Marín, consiguen rescatar al Duque de Barcelos, siendo trasladado a Sanlucar de Barrameda. El huésped-prisionero será el elemento de presión que actuará sobre las Cortes de Almerín, cuya presidencia ostenta eventualmente el cardenal-rey D. Enrique.

El estado portugués no acepta al Austria como sucesor del trono de Portugal, el Cardenal nombra gobernadores del reino, para que convoquen nuevas cortes de las que debería salir el nuevo rey portugués. El Cardenal muere en la misma noche y el vacío sucesorio es total. Felipe II Exige el trono con la presencia amenazante de su ejército en Llerena al mando del Duque de Alba. Las ciudades van claudicando una tras otra, los gobernadores que se inclinaron por el Austria, temiendo la ira del pueblo, piden ayuda y huyen en barco que zarpa desde Ayamonte y se refugian en Castro Marín, donde al ser suelo portugués le da validez a las firmas de las proclamas, por la cual Felipe II pasa a ser definitivamente rey de Portugal.

 

Pero aún quedaba una cuenta pendiente, la más importante y largamente oculta por la historia oficial.

El 9 de Agosto de 1578, cinco días después de la batalla, Pedro de Salinas, contador del Duque de Medina Sidonia, relata por carta lo que le narraron hidalgos portugueses que presenciaron como Antonio Manso, factor del rey D. Sebastián, era portador de billete del alcalde de Tetuán para el de Arcila, en él comunicaba que el rey de Portugal, había sido hecho prisionero trasladándosele a la población de Alarache.

El 13 de Agosto del mimos año, tiene notificación de lo acontecido Felipe II, en su estacnia de El Escorial, dando debida respuesta de las medidas a tomar.

En el listado de los prisioneros que se entregan después de las gestiones de rescates realizadas por diego Marín, no aparece el rey de Portugal, que usa el topónimo de la ciudad, Alarache, como seudónimo adoptado para su clandestinidad.

El sucesor del rey musulmán no consiente negociar su rescate, no quería ser cómplice de la posible ejecución de su prisionero y huésped, así como no le interesaba que el rey de España tuviera como añadido a sus ejércitos, una armada tan poderosa como la portuguesa.

El interés por la toma de la plaza, se fue convirtiendo en una obsesión para Felipe II.

Se quiso tomar Alarache en repetidas ocasiones, pero no era aconsejable descubrir la razón que obligaba al Austria, se aducía la importancia de eliminar "la ladronera" y el peligro que representaba para los barcos procedentes de las Indias.

El 13 de Septiembre de 1598, muere Felipe II sin ver su objetivo cumplido. A su muerte, su hijo Felipe III hereda la corona y la fijación por el ilustre prisionero. Por fin en 1603, cuando el rey D. Sebastián, alias Alarache; en un intento de recuperar el trono, se le consigue capturar, siendo trasladado a Sanlucar de Barrameda donde es mandado descuartizar. A pesar de ello, Felipe III siguió insistiendo en la toma de la plaza, hechos de en otra ocasión os relataré.

 

Lo cierto, querid@s paisan@s, es que durante casi 25 años tuvimos a tan notable vecino residiendo en nuestra ciudad, muy probablemente en alguna de las añejas viviendas que rodean al Zoco Chico, allí, asomándose día tras día al Atlántico, añorando su reino perdido y oculto tras la bruma que se derrama desde Punta Negra.

 

 

Manuel-Jacobo Cortés Marquez

 

 

 

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